Claro era, tan claro. Tan sólo bastaba con apoyar los pies sobre la tierra húmeda. Abrazar el ombú, y llorar. Y cerrar los ojos, y que una imagen gobernara: El hombre-niño jugueteando, corriendo, y trasladándose de un lugar a otro con un fin aparente. El fin de ser.
Y corrió, recogió las flores azules, las olió, y las pasó por su piel. dejando estelas de aroma inconfundible. Dulce. Pero peligroso.
Y un acorde el viento tocó, su cabello bailó al son del sol, y las hojas del sauce gritaron, clamaron por su actuación.
Es que, era tan claro que la raíz estaba abajo, que la pisó sin verla. Y cuando la vio, reflexionó, jugó...Y al fin, sonrió.
Y corrió, recogió las flores azules, las olió, y las pasó por su piel. dejando estelas de aroma inconfundible. Dulce. Pero peligroso.
Y un acorde el viento tocó, su cabello bailó al son del sol, y las hojas del sauce gritaron, clamaron por su actuación.
Es que, era tan claro que la raíz estaba abajo, que la pisó sin verla. Y cuando la vio, reflexionó, jugó...Y al fin, sonrió.
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