Cuando en esos momentos...no aquellos, sino esos, la luz irradia, se escucha el gorjeo de aquellos que vuelan fisicamente, y se escucha el aleteo de quienes lo hacemos liberando el alma, allí no existe tiempo. Allí se destacan el carmín y el anaranjado. Ya no se oye el tictac, sino el golpeteo suave del corazón, y se siente su expansión vibratoria. Allí cuando nos despejamos de las ropas, para conectar nuestras terminales nerviosas con el entorno directo. Cuando la energía fluye al son del amor y la paz. Cuando descubrimos que no somos ni fin, ni medio: sino que, somos. Allí ya comprendimos el rol, el sentido del sinsentido, nuestro canto y nuestra palabra de poder. Allí sentimos el poder del amor. Allí no pensamos, y las preguntas teológicas desaparecen: sentimos dios. Y todo esto, en un lapso sin tiempo aparente, sin horario aparente.
Tomás.-
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