La sensación indescriptible de mirar al horizonte. Esa sensación que no se deduce con lógica ni con matemáticas, que no puede ser estructurada con la razón. Esa sensación cuyo basamento no tiene otra explicación más pura que un hueco en el alma que se llana. Una sensación placentera, bella, cual elevación de cuerdas impulsando al volver una vibración hacia el puente, produciendo bellos sonidos. Sonidos que transmiten sensaciones.
Sensaciones por aquí y por allá, sensaciones. ¿Por qué dejarnos engañar por la mente teniendo estas hermosas sensaciones? Acaso tal vez sea porque la naturaleza tiende a la melancolía como camino fácil. Pero que al Albatros no le resulte demasiado complejo desplazarse por los aires, no quiere decir que este no requiera esfuerzo. La melancolía es un camino fácil, pero no por ello el mejor. Requiere también un gasto de energía, aunque sea fácil: Y esa energía, ¿Por qué no emplearla en otra vibra?
El camino no es fácil. Ni es lo más importante. Lo que realmente importa, si es que algo importa en sí, es recorrerlo, y con cada gota de sudor que corra, aprender las lecciones. Si tropieza uno de nuevo con la misma piedra es porque la naturaleza le está advirtiendo que ese no es el camino.
Hasta aquí seguimos la idea colectiva. Pero en sí,¿Hay camino? O tal vez ni siquiera importa que lo haya...
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